Patricio Sturlese es un autor argentino de ficción gótica. Su primera novela “El inquisidor” (2007), convertida en longseller, lo posicionó como un éxito de superventas internacional. También ha publicado libros como “La sexta vía” (2009), “El umbral del bosque” (2012) y “El jardín de los ciervos” (2019), todos ellos bestseller.
Nacido y crecido en la ciudad de Bella Vista, Argentina, donde continúa residiendo, este hijo de padre genovés y de madre argentina recuerda su infancia como una marcada por la curiosidad, la inquietud y una profunda búsqueda de todos los misterios que, a esa edad, le llamaban la atención. “Es decir, aquello que ves en los sueños, que parece real pero no lo es”, comenta el exitoso escritor.
“Todo lo que sea referido a las películas de misterio, de terror, los mitos de los vampiros y hombres lobo. Me dedicaba más a eso. Eso y también a mis raptos de soledad. Pasaba mucho tiempo solo pensando en estas cosas. Yo me divertía, pero era un joven muy tímido y creía que no eran temas para compartir con mis amigos”, confiesa.

Describiéndose como un alumno muy aplicado pero revoltoso en sus tiempos de secundaria, Sturlese recuerda que sus buenas calificaciones eran algo tan corriente como cuando se escapaba del colegio junto con sus compañeros:
“Lo que hacía desde ese entonces era contar historias con mis amigos más cercanos. Pasaba horas. Empezamos de a poquito, como un juego de adolescencia, como si fuese un juego de rol, donde yo siempre actué de director, entonces creaba y los otros interactuaban en ese mundo que yo creaba. Todas historias orales”, aclara.
En su niñez, según también relata, siempre iban al bosque enfrente de su casa y jugaban a las escondidas.
“Yo siempre iba a una casa abandonada y ahí me refugiaba. Mientras jugaba miraba la casa y cuando perdía, porque me descubrían, volvía a elegir ese mismo lugar. Pero no importaba, yo miraba en ese lugar lo que había pasado, lo imaginaba. Me llamaba muchísimo la atención estar en una habitación totalmente abandonada con un techo a medias, las ventanas sin vidrios, la hierba que crecía en el piso. Vivía experiencias que después me detonaban la imaginación durante la noche”, comienza.
“Con los años me di cuenta de que en esa casa yo ya estaba dentro del género que iba a ocupar como escritor, ya estaba dentro del gótico. Estaba mirando que el paso del tiempo genera historias olvidadas, genera mitos, leyendas, cuentos. Estaba ahí y me sentía a gusto. Sin ser mediante una máquina de escribir, la literatura, para mí, se cristalizaba a través de una casa abandonada y mis amigos, oyendo, eran los lectores”.
Su destino ya estaba definido. Y, aunque tal vez no lo sabía, su formación terminaría siendo uno de los cimientos fundamentales de su carrera:
“Estudié teología con los jesuitas en el Colegio Máximo del partido de San Miguel, en las mismas aulas donde fue rector el actual Papa Francisco. Cursé, durante algunos años, las materias que me interesaban para mi trabajo de novelista. Me especialicé tanto en Renacimiento como en Historia eclesiástica, compaginando, a la par de la escritura, la investigación que entre 2004 y 2008 realicé en más de treinta castillos medievales en Italia, Francia, Alemania y República Checa”, detalla.
Ahora bien, si hay algo sorprendente en la biografía de este talentoso escritor argentino, es aquella labor que desempeñaba, más que ajena a la literatura: durante doce años, Patricio Sturlese fue ni más ni menos que jardinero.
“En ese entonces nunca pensé que sería escritor profesional, menos que mis novelas recorrerían el mundo. Llegaba a mi casa y me sumergía en un universo particular a mover personajes. Trabajaba de día y de noche escribía”, cuenta.
“Si no hubiese sido por la crisis económica que en el 2001 me dejó sin trabajo, quizá nunca hubiera publicado mi primera novela”.
No obstante, previo al éxito, vivió ese inevitable período de idas y vueltas y rechazos.
Así, Sturlese llevó su obra a muchas editoriales, pero todo cambió cuando conoció por correo a la agente literaria Claudia Bernaldo de Quirós, quien mostró su interés desde Madrid y le solicitó tres copias impresas y anilladas del manuscrito.
“Para eso gasté una quincena de mi sueldo. Eran como tres guías de teléfono, pesadas. Ella defendió el trabajo y entusiasmó a un editor muy importante en Barcelona, quien al poco tiempo convirtió mi libro en un bestseller. Random House me compró los derechos y se convirtió en una apuesta editorial”, recuerda Sturlese.
Para este humilde literato, “Bestseller” es un simple nombre. Una condición que nace desde las editoriales y las librerías para destacar a aquellos autores que tienen mucha venta. En consecuencia, se encuentran ante una enorme exposición, tanto de prensa como en redes sociales y también con una agenda muy grande para la difusión, para los lanzamientos y las ferias de libros.
“Más allá de esto, en mi caso, no puedo decir exactamente qué es lo que me llevó a ser un escritor bestseller. Tal vez sea que mis historias pudieron viajar y ser leídas en muchos países de diversas culturas como, por ejemplo, Polonia, Dinamarca, Rumania, Alemania, Italia y todo el conjunto de países hispanos”, enumera.
Atrapado desde una primera instancia por novelas históricas y por aquellos autores que montaron sus tramas en un marco de época, Patricio Sturlese da nombres que van desde lo clásico hasta lo contemporáneo: por un lado, Alejandro Dumas, Víctor Hugo, Gustave Flaubert, el trabajo gótico de Bram Stoker y Sheridan Le Fanu, y por otro lado el australiano Morris West y sus novelas sobre intrigas del Vaticano. Claro, entre otras lecturas que complementaron su inspiración.
Acerca de su profesión, este artista festeja lo que significa para él poder extenderse en la escritura de sus novelas durante largos períodos de tiempo, pensando en tramas que va modificando a su gusto y sin presiones y en la libertad de generar una historia, acaso desde cualquier parte del mundo. No obstante, en ningún momento se distancia de esa disciplina que lo caracteriza, como lo evidencia en sus propias palabras:
“Considero indispensable que un escritor tenga una rutina. Cada cual después gestionará su día a día”.
“En mi caso”, empieza, “escribir es una actividad de todos los días, salvo fines de semana. Es decir, de lunes a viernes escribo siempre, pase lo que pase, tenga o no inspiración. Hay veces donde puedo tener la suerte de escribir mucho, de avanzar demasiado y eso crea una satisfacción enorme. Y tengo también momentos en donde puedo pasar una semana sin completar una línea y, sin embargo, estoy todos los días detrás del texto y sobre todo de la reescritura”.
Luego agrega:
“Además de eso, es esencial, por lo menos para mí, un período de investigación. Y por eso mis libros a veces se demoran demasiado, ya que necesito investigar y compaginar, y para eso tengo que viajar, más aún si una novela es extensa; recabar información lleva mucho tiempo”.
La prueba del éxito de Sturlese no solo se nota en el hecho de poder vivir de lo que ama y en sus superventas: también ha cosechado galardones y reconocimientos. En 2012, por ejemplo, recibió el premio anual Rotary Club a la personalidad destaca de su ciudad; en 2014, su novela “El inquisidor” fue distinguida en el catálogo audiovisual del emblemático Salón del Libro de París, representando a su país, la República Argentina.

Tales logros eran inevitables. Y es que el autor, más allá de su talento, su disciplina y su esfuerzo, ha demostrado desde siempre una gran resiliencia que le permitió superar no solo aquellos obstáculos cuando luchaba por su primera publicación, sino también las controversias de índole “religiosas” que se habían generado en torno a sus escritos al comienzo de su carrea. “Eso es algo que sucedió al inicio, con la novela ‘El inquisidor’, y dos años más tarde se profundizó con ‘La sexta vía’, que es la novela que le sigue”, rememora.
“En ese entonces estaba en una gira literaria por Europa y por Latinoamérica. Ocurrió cuando llegué a Centroamérica, puntualmente en El Salvador, cuando me avisaron apenas bajé del avión que todos mis libros habían sido retirados de la venta de todas las librerías. También, que todas mis exposiciones y conferencias habían sido canceladas”.
“Lo mismo ocurrió unos días más tarde en Ecuador. Me impactó mucho, pero después, indagando, supe que en estas librerías que gestionaban mis libros pensaban que toda mi literatura era anticlerical y que venía a hacer un poco de controversia con la Iglesia Católica. Ciertamente esto no fue así”, se apresura en aclarar.
Era el momento del fenómeno de ventas de “El código da Vinci”, situación que había dejado a algunas librerías de Centroamérica un tanto susceptibles en cuanto a libros de contenido religioso.
“Esto se fue subsanando, después de unos años regresé a esos países y presenté mis libros, la controversia quedó en el pasado, solucionada, pero no deja de sorprenderme, incluso hoy, después de tantos años”, reflexiona al respecto, aliviado.
Era obvio que, pese a todo ello, Sturlese no iba a claudicar. Escribir es la actividad de su vida, tal como él mismo lo expresa, “en el lugar en donde esté, como sea, con tiempo, sin apuros y con esa complejidad que le va tocando a un escritor a medida que va pasando el tiempo y va dejando libros por detrás”.
Esa complejidad de no repetirse, de crear, de innovar, de empezar a buscar distintos enfoques para los textos y para que cada novela nueva sea algo diferente.
“Es complejo cuando uno ya tiene varios libros largos, quizá sea por los estilos, por la forma que un escritor tiene para resolver los problemas argumentales, etc. Y por eso la clave es el tiempo, disponer de él para pensar mucho, para pulir los textos y cuando esté listo, como dicen algunos, el fruto maduro caerá solo del árbol”, cierra.
Así lo decreta este talentoso autor de bestsellers llamado Patricio Sturlese quien, para nuestra suerte, en sus planes está “siempre escribir”. Robert Chevalier
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Para más información acerca de Patricio Sturlese, accede a este enlace.
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Robert Chevalier es un escritor argentino, nacido en La Banda en 1995.
Es autor de narrativa, principalmente de novelas infantojuveniles de suspenso, fantasía y ciencia ficción.
También es estudiante de ingeniería y genealogista. Escribe desde niño, pero comenzó su carrera en su adolescencia y ya cuenta con varias obras publicadas e inéditas. Desde 2014, cosechó numerosas distinciones y logros como la Declaración de Interés Cultural de su primer libro y su posterior participación en la Feria del Libro de Francia Salon du Livre de Paris.
Desde 2015, varios de sus libros se convirtieron en material de estudio de escuelas, donde son trabajadas por niños y adolescentes.
En el año 2016 trabajó en Minnesota, Estados Unidos.
Desde 2018, participó en concursos nacionales e internacionales y resultó ganador de premios y seleccionado para integrar antologías de relatos de España y Argentina. En 2019 fue nombrado como uno de los “jóvenes modelo a seguir de la sociedad”.
En 2022 fue reconocido por sus 10 años de trayectoria literaria.

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