Clint Leibniz (Poeta y ecologista venezolano)

Clint Leibniz es un escritor, poeta y activista ecológico venezolano quien, en sus palabras, se dedica a “entrelazar la belleza del lenguaje con la urgencia de la conservación ambiental”. Ha publicado obras como “Dasein y blockchain:Temporalidad y descentralización” (2012), “Los poetas del bosque: Ensayos literarios” (2012), “Voz indecible: Proverbios” (2013), “El arte de ser feliz” (2016), “Tu poder creativo” (2018), “Amor & riquezas: Autobiografía” (2022), “Ser y poesía: Poemario” (2023), “Cuentos & parodias: Relatos” (2023) y “Fausto 2048” (2024).

Nacido como Clint Leibniz Terán Orellana en Biscucuy, un pueblo de Venezuela en pleno piedemonte andino, este intelectual autor descendiente de italianos y españoles evidencia su pasión por la naturaleza nada más con describir su amada tierra:

Es un lugar rodeado por montañas majestuosas con sembradíos de café y cacao; ríos cálidos y fríos manantiales, quebradas; intemperie acompañada con gallinas, chivos, cochinos, ganado y más… El único lugar del país donde se mezcla el llano con los Andes venezolanos. Las calles de mi tierra natal, tan criollas como su nombre, están impregnadas con el aroma del café, pues es el centro caficultor de Venezuela. Mi infancia estuvo marcada por la búsqueda de sentido y largas caminatas en campos, donde aprendí a amar el arte y la vida silvestre”, justifica.

Como estudiante destacado, curioso y reflexivo durante su adolescencia, siempre con un libro en mano, leyendo en los rincones de su escuela y con una guitarra al lado, Clint cuenta cuán admirado era por sus profesores y la envidia que despertaba en sus compañeros. Por supuesto, tales cualidades lo siguieron acompañando: se formó en Ciencias Políticas en la Universidad Central de Venezuela (UCV), donde simultáneamente asistió como oyente a materias como “Historia de la filosofía”, “Lógica”, “Literatura norteamericana” y “Griego”, entre otras.

“También tengo formación en idiomas extranjeros, lo que enriquece mi escritura. De joven siempre captaron mi atención los idiomas, desde el inglés, francés y alemán por asuntos profesionales, hasta lenguas antiquísimas como el griego, hebreo o latín… Sin embargo, he de confesar que mi dominio de tales lenguas es intermedio, mi único propósito al estudiarlas ha sido para leer a los clásicos y degustarlos en su idioma original; por lo tanto, aunque puedo defenderme, todavía me falta trabajo para lograr mantener una fluida conversación con nativos. Jamás ha sido mi intención, ni tampoco le he dedicado tiempo a ello”, revela con humildad este autor, quien ha traducido obras de poetas franceses, ingleses y alemanes al castellano, buscando preservar su esencia y métrica para su disfrute.

Acerca del comienzo de su carrera como escritor, lo considera como una actividad que realiza desde que tiene memoria. Y es que con apenas seis años, recién mudado a Caracas con su madre, de alguna forma ya se dedicaba a esto: aunque era ella quien tomaba contratos y cobraba por transcribir textos manuscritos a digital, un pequeño Clint Leibniz se encargaba de ejecutar los trabajos en cuestión.

“El que los transcribía era yo y luego ella los revisaba para imprimir”, cuenta.

“Así, siendo niño, un día me asombró lo rápido que mi madre escribía con el teclado: había hecho un curso de mecanografía, habilidad que después me enseñó y aprendí gustoso transcribiendo los escritos universitarios”. 

Poco a poco, su voz encontró eco en un público más amplio… Las personas se impactaban de su redacción elegante y limpia, pese a que no era un ejercicio de “escritura creativa” y el lenguaje era técnico y profesional. Su oficio consistía más en transcribir, corregir y editar que en crear. No obstante, Terán Orellana dice:

“Esos deberes me llevaron a desarrollar prematuramente el pensamiento lógico y un amplio vocabulario, el cual posteriormente me ayudó con mis quehaceres escolares, impresionando a maestros… hasta convertirse en un talento que poseía, pero que yacía escondido en medio de temores y no florecería sino hasta muchos años después.

Rememorando su niñez, este escritor venezolano da fe de que siempre ha sentido la lectura como un medio para conocer la verdad y la esencia de las cosas, así como para explorar en el conocimiento de Dios. De hecho, no le gustaban los libros de fantasía y ficción, pues los veía como una pérdida de tiempo, y en cambio optaba por lecturas sobre temas científicos. “Desde temprano fui un niño extraño…”, se describe.

Para él, la lectura escolar obligatoria de la saga de “Harry Potter”, con “esos temas de magos y cosas fuera de la realidad”, fue una experiencia desagradable, dada su preferencia por las enciclopedias, los diccionarios, la Biblia infantil y los clásicos literarios. 

“Pasaba largas horas escudriñando en esos libros. De allí que mis primeras obras fueron ensayos filosóficos y teológicos; también a través de la música expresaba los sentimientos de temas románticos y menos rigurosos”.

Ahora bien, su amor por la fantasía, la ciencia ficción y el género de la novela comenzó cuando llegó al final de “Historia de la filosofía” y se encontró con Heidegger, quien derrumbó todo lo que había estudiado y analizado durante muchos años.

“Sus libros ‘Tiempo y ser’ y ‘Hölderlin y la esencia de la poesía’ me revelaron la profundidad del lenguaje, del arte y de la composición literaria como instrumentos para explorar la esencia de la existencia… En ese momento, la literatura despertó los sentimientos de libertad, de cercanía con la verdad; mis oídos podían escuchar el latir de la vida a través de la fantasía y la ficción”, explica. 

Con publicaciones que abarcan una variedad de géneros y temas, desde la poesía y el amor hasta la filosofía, el éxito, la tecnología, la ciencia ficción y la ecología, ha contribuido incluso con trabajos académicos sobre materias tan diversas como el pensamiento heideggeriano, la tecnología Blockchain, la temporalidad digital y la descentralización política. 

Mi propósito al escribir”, expone respecto de su labor literaria, es inspirar a los lectores con historias llenas de pasión, aventura y aprendizaje, utilizando una prosa sencilla en ocasiones, aunque… también directa, emotiva y profunda, salpicada con un toque de humor culto, drama y extremo suspenso.

Clint Leibniz no es de aquellos a quienes les gusta autodefinirse en su escritura: no sabría hacerlo porque cree que esta lo guía (aunque “no sucede lo mismo en inversa”).

“Siendo alguien que le fascinan tanto las definiciones y las fórmulas”, comienza, “creo que aún no logro comprender nada de lo que escribo. De hecho, para resolver ese asunto fue que invité a un experto en literatura, teatro y poesía, Joaquín Ortega, a realizarme el prólogo de ‘Fausto 2048’; quería escuchar la opinión de alguien especializado…”.

“Parte de mi propósito al escribir, también es expresar la voz del misterioVeo la literatura como sinónimo de lo vital y, como tal, un misterio que solo Dios conoce en su totalidad.

Sin embargo, si Clint Leibniz Terán Orellana tuviera que definirse, lo haría a través de un interesante concepto al que llama “narrativa disociativa fantástica”: 

“(Allí) el narrador se convierte en uno o varios personajes de su obra, siendo al mismo tiempo diferente de los mismos y creando un infinito abanico semántico de posibilidades que aporta mayor riqueza a la expresión de los sentimientos mediante el realismo subjetivo del autor, en contraste con el ficticio de los personajes inventados. Ello, igualmente, da apertura a la explotación de los recursos metalingüísticos del dialecto en el desarrollo de los protagonistas, la trama y la ambientación para permitir la comunicación, mediante la ficción, de perspectivas y sentimientos que están más allá de la comprensión lógica, similares a la imaginación lúdica de la infancia, laselucubraciones metafísicas y, en conclusión, a la visión única de la vida que todo ser humano posee”, expone con lujo de detalles, agregando que este estilo permite indagar en realidades de personas con condiciones que ofrecen una percepción singular de la existencia como el síndrome de Savant, asperger, autismo, TDAH, sinestesia.

Ante tales declaraciones, no es de extrañar la increíble cantidad de textos y autores que inspiran a este poeta, quien menciona desde la Biblia hasta grandes clásicos como la Divina comedia, la Odisea y a maestros como Shakespeare, Lope de Vega, San Juan de la Cruz, Emily Dickinson, Bécquer, Edgar Allan Poe, Dostoyevski, y la lista continúa…

“Me inspiran poetas como Thoreau, Emerson, Whitman y escritores visionarios como James Joyce, Borges y Tolkien”, añade. 

“Busco modelos en aquellos que combinan arte con conciencia social y medioambiental. Me gustan las cosas filosóficas mezcladas con estilos narrativos e innovaciones lingüísticas, géneros literarios en la vanguardia, lecturas surrealistas que me hagan imaginar y pensar…”.

Asimismo, como cristiano protestante, Clint afirma que encuentra espiritualidad en todo lo que existe y que la naturaleza, el cosmos, es su más grande ejemplo. Por ello, su literatura y su vida reflejan ese profundo compromiso con lo espiritual y lo ecológico:

“Fundé ‘Los Poetas del Bosque’ (LPB) con la visión de consolidar una comunidad de escritores, artistas y amantes de la naturaleza que sea referencia en el ámbito literario y ambiental, promoviendo la cultura, la creatividad, la biodiversidad, el compromiso de sus miembros y de la sociedad en general contra el cambio climático, la perdida de la fauna y flora, la escasez de alimentos, la contaminación, entre otras amenazas al ecosistema”, puntualiza con ímpetu. 

Nuestra misión es crear un espacio de encuentro, aprendizaje y difusión del arte, la literatura y la poesía, fomentando así la conciencia ecológica, mientras cantamos en coro: La poesía es una poderosa forma de expresión artística que puede generar un impacto positivo en el cuidado ambiental”.

Como si todo esto fuera poco, Clint es colaborador ni más ni menos que de la Unión Europea: es miembro fundador y director de contenido de “Nuestro Hogar Común”(NHC), una organización que nació en Europa y que es dirigida por el embajador del pacto climático de la UE, Rosmel Rodríguez, quien reside en Portugal. Este equipo, conformado por científicos, profesionales y activistas ecológicos, algunos diplomáticos destacados, busca crear consciencia ambiental a través de canales de comunicación físicos y digitales con la visión de generar oportunidades para las futuras generaciones y el planeta, e integra las ciencias y las artes en la lucha a favor de la naturaleza.

Acerca de Rosmel, a quien conoció estudiando en la UCV, cuenta que los unió la pasión por los libros, la filosofía y el debate intelectual. 

“Yo creo que él es una de esas pocas mentes brillantes, sin precedentes, que tocan la tierra cada cierto tiempo. Personas prodigiosas que vienen para ocasionar un gran cambio en el mundo”, empieza. “Recuerdo que nuestras conversaciones en la Universidad siempre eran sobre temas teóricos políticos. Me asombraba la riqueza de sus argumentos, su vasta cultura e ingenio”. 

“Él también dice que yo soy inteligente, brillante y hasta que me admira. A pesar de ello, estoy seguro de que lo hace por la sencillez y humanidad que lo caracteriza (como casi todas las grandes mentes, él también es un ser humano de inmenso corazón) y no por el hecho de que, en realidad, yo lo sea. Sí, es verdad que soy inteligente, pero en comparación con él, nada que ver…”, concluye.

¿Qué hace especial a Clint Leibniz en su profesión?

Tal vez, lo que me convierte en único es la capacidad de fusionar literatura, poesía y arte, la espiritualidad y la psicología con el activismo medioambiental. Una producción literaria en beneficio del planeta y que promueve la integración de personas especiales, creando un lugar de encuentro que inspira cambios positivos para la humanidad”, reflexiona.

Aparte de escribir y editar, cabe destacar que el flamante CEO de Los Poetas del Bosque da talleres de composición poética y trabaja en la reforestación de áreas urbanas. Y, en cuanto a sus planes para el futuro, nos adelanta:

“Con LPB, estoy trabajando para formalizar una editorial independiente y también en la primera eco-antología internacional, en colaboración con otros escritores. Para este año 2024, en el proyecto NHC, hemos previsto habilitar las instalaciones e inaugurar la sede principal de Venezuela”, finaliza lleno de entusiasmo.

Mientras tanto, los lectores, seguiremos atentos a las genialidades con las que este intelectual autor ha de sorprendernos pronto: una serie de nuevas novelas y cuentos que exploran futuros utópicos y distópicos, por supuesto, con mensajes ecológicos. Robert Chevalier

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Robert Chevalier es un escritor argentino, nacido en La Banda en 1995.

Es autor de narrativa, principalmente de novelas infantojuveniles de suspenso, fantasía y ciencia ficción.

También es estudiante de ingeniería y genealogista. Escribe desde niño, pero comenzó su carrera en su adolescencia y ya cuenta con varias obras publicadas e inéditas. Desde 2014, cosechó numerosas distinciones y logros como la Declaración de Interés Cultural de su primer libro y su posterior participación en la Feria del Libro de Francia Salon du Livre de Paris.

Desde 2015, varios de sus libros se convirtieron en material de estudio de escuelas, donde son trabajadas por niños y adolescentes.

En el año 2016 trabajó en Minnesota, Estados Unidos.

Desde 2018, participó en concursos nacionales e internacionales y resultó ganador de premios y seleccionado para integrar antologías de relatos de España y Argentina. En 2019 fue nombrado como uno de los “jóvenes modelo a seguir de la sociedad”.

En 2022 fue reconocido por sus 10 años de trayectoria literaria.

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